lunes, 17 de diciembre de 2012

4:18 A.M.


Escucho esas voces diciéndome, cada quien vociferando argumentos válidos, y solo dos de ellas llama mi atención; esa que me dice vete acuéstate tal vez sueñes con ella no te aseguro nada pero es una esperanza que te regale ese descanso del cual ya perdiste rastro. Y otra a lo lejos grita, impertérrita, absolutamente nada pero igual sientes que ese silencio te dice algo que no sabes cómo transmitir, pero sabes que significa algo, te invita a no cerrar los párpados que claman descanso; y le haces caso dando lugar al insomnio.
               Hola cabeza.
               Hora razón.
               Hola sueño perdido
               bienvenido descanso que me fue negado
               ¿Te veré alguna vez cuando la séptima trompeta sea tronada?
               Tal vez ni te escuche retumbarme la sien.
               Espero que al menos la despedida sea disparada al aire.

El último cigarrillo se consume y mi paladar reclama más humo insano, los dedos bailan al son de quien no quiere ser escuchado y termina en un cansancio descomunal que apaga mi cuerpo más no mi razón.
Buenas noches o lo que quede de este día que no acaba.

domingo, 28 de octubre de 2012

Florentino: Sábado de despedidas I


       La ruta en el colectivo se me hacía menos pesada, con el tiempo pude adaptarme a las calles y esas casas todas descuidadas que adornaban el trayecto hasta el hospital donde trabajaba Sophia. Me acostumbré a verlas desde atrás de los parpados y a pesar hacerlo me era imposible distraer en su totalidad mis oídos, el chirrido de los claxon y  motores socavaban entre las diminutas hendiduras que se dibujaban entre los auriculares y la piel tentando a la migraña.

       Sacudí la cabeza de un lado a otro tratando de recomponerme, mientras la viejecita sentada ha lado mío atendía a mi reacción. Sentí la aspereza de sus manos sobre las mías, se veía tan tierna al descubrir su mirada de preocupación, verla me hizo recordad a Mamá Berta reconfortándome. La vi detenidamente sin decir absolutamente nada y le sonreír. Pareció entender mi silencio ambos mudos esperamos hasta que finalmente bajo tres calles después, absorto no pude decirle –hasta pronto. Gracias.- No creo en los ángeles y su perfección inventada, pero si existieran serían como la viejecita del colectivo y como Mamá Berta. Mamá Berta siempre me reconfortaba cuando niño llegaba a su casa en busca de consuelo, las cosas en casa con mis padres nunca fueron del todo bien como en toda familia, supongo. Igual cada quien tiene su propio infierno y su propio cielo.

       Levante el bolso bandolera al hombro y bajé apresuradamente. Ahora fuera el bullicio se hacía más intenso, a esas alturas ya daba igual. Como de costumbre llegué media hora antes, para mi pesar serían treinta minutos de ruido citadino para un sábado de migrañas. Entré a la juguería de costumbre, vecina de farmacias y funerarias, donde el hombre alto y moreno manoseaba siempre el lunar con forma de vomito sobre el pómulo izquierdo. Al fondo se encontraba su esposa, creo que lo era. Desde el primer día que los vi: el lunar siendo excitado la señora tras la barra atada de manos a la procesadora de frutas, el intercambio de palabras sobre las cabezas de los escasos comensales y las metidas de mano cada vez que la única cabeza, que era la mía, quedaba a espaldas de la barra; confirmaron mi suposición con el paso del tiempo. Ser testigo me agradaba y me desagradaba, lo agradable era la manifestación de su amor en cada sonrisa y toqueteo; lo desagradable era tener que ver el lunar y la misma mano con la que se tocaba, pellizcar a flor de piel las nalgas prominentes de su, para nada fea, esposa quien siempre vestía con faldas sueltas y cortas.

Ese sábado no sería como los de siempre. No prestaría atención a ese par de amantes desvergonzados. La migraña empezaba a afloraba mientras esperaba a Sophia. El libro que esperaba leer nunca fue extraído del bolso bandolera y las manos volvían a sudarme por lo que me tocaba decir más tarde.

lunes, 22 de octubre de 2012

Florentino: bicefalia intransigente


      Lo siento, tal vez no deba decir nada de esto, no; no pienso decirlo pero te lo digo de todos modos del modo en que no lo oigas te hablaré con la voz más sutil e inexistente que pueda solo escuchar mi cabeza. Mientras te hablo, en mis adentros, lo único que atino es a observar y fingir que te escucho, observo tus labios hilvanar cada oración con palabras vacías que van adquiriendo sentido a cada gesticulación tuya. No  te sientas mal, hago eso cada vez que quiero fingir interés y con esto no quiero decir que no me intereses, es más hasta yo me sorprendo de poder sentir esto por ti. Uno que creía tener el corazón muerto y resulta que aun puede latir; a veces me gustaría parar esta máquina. Verte cada día confirma lo que supe la primera vez que te vi; que me gustas. Cada día compruebo que no puedo evitar reclamar tu mirada con la mía, será que no te das cuenta y es obvio, no puedo hacer nada más que eso; esbozar algunas palabras en un vano intento de arrancarte una sonrisa como vana recompensa, puedo contentarme solo con eso.

      A veces me gustaría ser de otro modo, ser ese sujeto que normalmente soy cuando mi atención no es captada por ninguna otra. Veo a todas del mismo modo, tan similares, como si se trataran de personajes de relleno que transitan las calles. A quienes uno nunca toma importancia, esos que existen en cada historia solo para  crear una atmósfera de realidad, le dan sentido pero al mismo tiempo lo carecen. Me gustaría hablarte del mismo modo y enmudezco, ahora resulto que soy como esos personajes de relleno de la película donde el único protagonista eres tú; eso está bien y, a la vez, no está bien.

      Si tan solo esa máquina dejara de latir, podría decirle a mi cerebro que deje de urdir imágenes, dejar de arrastrarme en ilusiones que lo único que hacen es crear esperanzas innecesarias. Aprendí, o quizás recién caigo en la cuenta que las ilusiones son buenas, que por ratos funcionan como un combustible inflamable que acelera todo, te hace ser el ser más supremo que a la mínima chispa explota mutilándolo todo.

      Se hace tarde, no sé cuánto tiempo pasó desde que nos sentamos el uno frente al otro. Lo siento, no puedo actuar contigo de mismo modo que hago con el resto; eso me hace dudar de quien soy;  ¿seré dos personas diferentes fluctuando el espacio? A espalda tuya soy uno y el otro sale ni bien me das la cara. El uno, el que actúa a hurtadillas, trata de arrancarse la piel del timorato pero al rato reflexiona y calla; sabe que el timorato tiene su razón de ser. Con el tiempo llegó a entender que el timorato es la expresión que avisa al ser bicéfalo, que Eilene es alguien especial. El timorato espera una respuesta única, una pequeña reacción que permita al bicéfalo ser uno mismo nuevamente.

... 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Agradecimientos.

Si. A veces me pierdo en mil cavilaciones; admito que es culpa mía dudar de las imágenes; y aún así, no puedo dejar de caer en sus artimañas. El desencanto llegó al rato cuando escupiste realidad tras tu ausencia. Al final, el retrato que dibujaste se difuminó, quedando solo las palabras y tus acciones. Entre las malas y buenas experiencias; hoy, después de todo, solo me queda agradecerte; porque hasta de lo malo se pueden sacar buenas cosas.

miércoles, 15 de agosto de 2012

15.

Busca bajo la almohada;
en el hábitat natural del sueño
que aún yace perdido.
Ya olvidó el peso de tu cabeza
se evaporó en mil jadeos extraños.
Miles de voces diferentes y
ningún suena a tus gemidos.

jueves, 28 de junio de 2012

Florentino escribiéndole a la nada.


La necedad de las memorias atosigan los días que se auguran tranquilos. La afirmación de que todo ha concluido es más efímera cada vez que su rostro atraviesa  la trinchera precaria que instalé para hacer más liviano este peso.

Me siento tranquilo al aceptar, que ella baila en otros bares. No la veré más pasar por esa pasarela rodeada de luces que llaman al sexo. Es extraño no irme a declive mientras otros disfrutan verla sonreír y acariciar esos cabellos tendidos al viento. Mientras en el fondo controlo a ese demonio que trata de salir corriendo hacía esas tierras lejanas donde ella pretendía esperarme; sellada en una promesa que solo quedó en palabras.

A veces le tengo envidia por entregar su amor así, sin más, a cualquiera. La conozco mejor que ellos, pues me tome el tiempo de hacerlo, y me peso por ello. Sé que será feliz con cualquier persona que le ofrezca un hombro en el cual llorar. Mientras ella pueda sonreír y bailar todo andará bien.

Si. Aún no la olvido; pero también por ratos ni me acuerdo de su rostro y así será hasta que solo quede como una mera anécdota más que quizás no será contada.

domingo, 10 de junio de 2012

DE LOS PASOS DISTRAÍDOS Y SUS CASUALIDADES (parte II)


      Rumbo a la estación Plaza Italia y prácticamente doblados como contorsionistas el solo intento de querer seguir la conversación quedó solo en intenciones. No podíamos ni vernos con tanta gente alrededor. La bulla de los que iban cómodos, a costa de otros, creaba un barrera auditiva entre los dos.  Aprovechando ese instante de paz incomoda, y de modo inconsciente, mi cabeza me hacía la mala pasada de analizar la situación. Evidentemente se trataba de una situación poco habitual. De un lado teníamos a una chica totalmente extraña, de facciones agraciadas, por el momento con una afición compartida por la lectura y además distraída; y por otro lado: un sujeto extraño a sus ojos, apático como primera impresión, de facciones descuidadas, sin trabajo, enjuto por la gripe, asiduo lector, distraído y en pleno proceso de cerrar una historia.

      Después de todo lo que pasamos minutos antes de tomar el subte correcto. El mal humor se ocultó gracias a una extraña. Sabía que después de este día tendría que volver a la monotonía de lidiar con mis demonios pasajeros. El sentimiento abrumador de conservar ese instante azuzó, por un momento, a mi razón a salir corriendo, pero me ataba la curiosidad de saber el desenlace de todo esto. La ambigüedad me es inherente como a todo ser humano.

      Tardamos solo quince minutos en llegar a la estación. Ella bajó primero guiada por los empujones de la gente. La perdí de vista por unos segundos. Al bajar la divisé  apoyada sobre el muro debajo de un rótulo publicitario. Mientras limpiaba sus gafas mantenía los ojos entrecerrados intentando adaptar la vista para buscarme. Me le acerqué tranquilamente y me paré a unos dos pasos.

      -Por un momento me dio la impresión que no bajarías del vagón- decía ella mientras se acomodaba las gafas.

      -Lo pensé hace un rato. Pero mi curiosidad puede más y un poco de compañía no hace mal; sobre todo hoy.
.
      -Imagino que no todos los días eres de esta forma ¿no?

      -Así es. No siempre soy como me ves ahora. Si me viste así de apático se debe a factores que no puedo controlar. Cosas que quisiera que pasen pronto y me dejen tranquilo pero, por ahora, es imposible. Solo me queda convivir con ellos hasta que encuentre una respuesta, supongo- nos encontrábamos a la salida del Subte. La Avenida Santa Fe se encontraba abarrotada de coches y el cruce peatonal invadido de gentes. Nos sumamos al rebaño apurando el paso mientras ella caminaba absorta.

      Llegamos a la entrada del centro de exposiciones La Rural, como no era de esperar, no estaba tan abarrotada por ser el primer día.

      -Me llamo Patricia- me dijo volteando de improviso ante la entrada-. Por ahora no me apetece saber cómo te llamas, prefiero adivinar. Así es que por el momento te llamaré Florentino.

      -¿Florentino?- me abstraje un  momento pensando en Florentino Ariza-. Me agrada es nombre- le dije esbozando una leve sonrisa.

      -Me alegro que te guste porque tienes cara de llamarte Florentino. De la manera en que hablas aparentas ser alguien reflexivo, como dicen que son los Florentinos, y eso te hace que tengas el mal habito de cuestionar todo lo que pasa a tu alrededor ¿O me equivoco? –tras decir esto la malicia manifestada en sonrisa se hizo presente en las líneas de sus ojos.

      -Lo que acabas de decirme es, a primera impresión, una descripción algo certera; a demás conozco algunos “Florentinos” y son unos idiotas. La idea de cuestionar algunas cosas no me hace capaz de cuestionarlo todo. Con el tiempo uno aprende que las cosas funcionan de este modo. Entonces lo que hago es callarme y guardar las apariencias.

      -¡Eres un hipócrita!

    -Claro ¿Acaso tú no lo eres?- le repliqué instantáneamente-. Con el tiempo también aprendí que la hipocresía es una práctica socialmente aceptada. El que diga que no es así simplemente te está mintiendo. Si la gente se diera el lujo de decir las cosas como realmente les parece habría muchos cuerpos regados en las calles.

      -Lo vuelvo a decir: si que eres un hijo de puta. Ahora si te parece mejor entremos de una vez antes que me entren las ganas por matarte- inmediatamente me asía de la solapa de la casaca hasta el interior de La Rural.

(Continuará)

jueves, 31 de mayo de 2012

14.


Soy eso que ellos no buscan.
Las preguntas con respuestas inentendibles
a ojos de extraños.
Soy el ¿por qué? para un todo.
La sin razón de la razón del cardumen
la hormiga que no sigue el rastro al hormiguero.

Nada con la corriente me decían algunos.
Cuando arrastrarse por la corriente te vuelve ciego.
A pesar de no haberlo hecho;
no sé si veo del todo claro.
El amor me jodió parcialmente la vista.

sábado, 19 de mayo de 2012

DE LOS PASOS DISTRAÍDOS Y SUS CASUALIDADES (parte I)


      Eran las diecinueve horas cuando me dispuse a dar por terminada  una jornada más en mi proceso de búsqueda de empleo. Con los pies cansados de tanto caminar, la mochila al hombro, la víspera de una gripe y un libro a medio terminar me dispuse a tomar el Subte rumbo a “la Rural” donde se festejaba la “treinta y ochoava Feria del Libro de Buenos Aires”. Me encontraba caminando por la “Diagonal Norte” con la intención de no fallar en tomar el Subte del lado correcto; pero como siempre mi distracción pudo más y falle en el primer intento «esto suele pasar siempre que ando con la cabeza en otro lado. Convengamos que siempre es así». Para salir de mi duda, ya dentro de la estación y después de haber pagado dos pesos y cinco centavos (una violación a mi paupérrima economía), me acerqué a una chica que portaba unos lentes algo inusuales modelo “nikita”. Vestía una pollera negra estampada de flores fucsia, un polo de tiras que marcaban su grácil figura, un par de botines de cuero que le calzaban perfectamente y un morral de lo más curioso todo hecho de harapos.

      -Hola. Disculpa te puedo hacer una pregunta.-

      -Si. Decime- Respondió sin despegar la mirada del libro.

      -¿sabes si este subte va para “Congreso Tucumán”?- Le pregunté algo nervioso
.
      -Si. Pero ahora que lo dices…- levantó la mirada hacia uno de los letreros de la estación y soltando una leve sonrisa me dijo.- creo que vos y yo nos hemos equivocado de lado. Tenemos que salir y cruzar hacia  otro lado de la estación.

      -Bueno gracias- me di media vuelta hacia la salida del subte hasta que ella me detuvo del brazo de manera súbita «¿Esta chica está loca?» pensé  «será que debo llevar un cartel que diga “quiero estar solo”».

      -Hey, espera vamos juntos- dijo posando sus ojos en el libro que llevaba en mano.- ¿vas a la feria del libro, no?

      Me detuve y le respondí de la mejor manera posible.- ¿se nota?- Ella me miro extrañada colocándose a mi lado, quizás algo contrariada de seguirle el paso a un desconocido cuya primera impresión era la de antipatía.

      Aún no entiendo él porque de esta escena particular. Éramos dos seres totalmente desconocidos que se encontraron por causa de sus pasos distraídos. Íbamos caminando mientras el silencio llenaba los pocos espacios dentro de la extraña maraña llamada casualidad. La calle transpiraba su último día de calor Bonaerense mientras los últimos atisbos de luz natural se perdían al oeste acariciando el frío concreto de los edificios. Los pasos de las gentes se rompían como olas ante los pasos de dos perfectos desconocidos que solo atinaban a caminar en silencio.

      Guardé el libro en la mochila y de paso saqué la cajetilla de cigarrillo. Paré un rato para ver la reacción de mi inesperada acompañante; pensé que no se detendría y para sorpresa mía se detuvo. Me acerqué de un paso y le alcancé la cajetilla de “Philip Morris” y al instante que asomaba el cigarro a la boca se inclinó brevemente hacia el fuego que había preparado con antelación. Ambos, cigarrillos en mano, nos detuvimos a la entrada de la estación sin pronunciar palabra alguna intercambiamos miradas tímidas sin saber qué decir; hasta que sin darme cuenta y por iniciativa empecé a romper la barrera que había establecido minutos atrás.

      -Perdón por lo de hace un rato -le dije apenado-. Los días malos siempre hacen con uno lo que se les venga en gana ¿no crees?

      -¡Pero miren!  y yo que pensé que eras un total hijo de puta -soltó una leve sonrisa y al mismo tiempo calaba del cigarrillo. Luego de tres segundos me soltó una bocanada directa al rostro-. Y si, todo el mundo tiene malos días y justo hoy me vengo a topar precisamente con uno -en ese instante ya empezaba a agradarme.

      -Que forma tan peculiar de decir las cosas- le dije con tono socarrón- ¿sueles conocer a la gente de esta manera? o es que careces de sentido común -le espeté-. ¿Cómo puedes andar tranquila a mi lado si desde un comienzo sentiste mi apatía. A primera vista aparento ser un perturbado ¿No ves las fachas en las que ando? Y sin mencionar esta gripe del mal.

      -Que te parece si vamos por donde hay mucha gente y así me das oportunidad a gritar; si es que tratas de hacerme algo -terminó de darle la última calada al cigarrillo y señalando con la mirada la puerta del subte; nos dirigimos hasta la feria.

      Hasta ese rato ni se me había pasado por la cabeza preguntarle su nombre. No imaginaba que conocer a alguien de forma tan abrupta sería tan agradable; pero una cosa si era evidente: ese día me di cuenta que no quería estar solo.

(Continuará)

viernes, 11 de mayo de 2012

Mi problema con las flores


Quizás, hace mucho tiempo atrás puede haber regalado flores, y muchas, pero mi cabeza tenía una contraposición con el hecho de hacerlo. El significado, que adquiría el hecho de comprarlas, hacía que adquieran un significado vago. Nunca cuidé esas flores, nunca las corté; solo pagué un valor monetario que me ahorraba todo ese trabajo.

Mi lio con ellas, es y será, que no significarán lo que yo deseo expresar.  Mi idea de amar es hacer todo lo que me nazca de corazón, la única herramienta que tengo a mi disposición, la herramienta más sincera que puedo tener.

Perfecto antagonista


La tristeza, perfecta antagonista de la alegría, se vanagloria que la alegría no es nada sin ella.

El cartonero cicatero.


El hombre que siguió extrañándola en el inevitable vaivén de los días; suele preguntarse- ¿Qué estará haciendo?-. Muy a sabiendas que esa relación no tenía ni pies ni cabeza deseaba estar a su lado, y la razón, punzante; le expedía “ya no más”. Esa interminable batalla, que en algún momento deberá tener un final, terminaba por agotar sus fuerzas en sus madrugadas acabando en el inevitable sueño.

La seguirá extrañando hasta que el olvido haga su trabajo. Mientras tanto se permite añorarla en los fotogramas de la memoria como un cicatero cartonero.

Algún día terminará por olvidar.

lunes, 23 de abril de 2012

13.


¿Y qué es el hombre para el tiempo?
Tan solo un suspiro de vida.
Un viajante con boleto de ida
y sin retorno.

miércoles, 18 de abril de 2012

12.

Creo en Dios,

no...

Creí en Dios.

Ante el seno de la familia que todo lo enseña.

Eran las mañanas de la temprana inocencia

atravesando el portal de mercachifles;

donde alguna vez el hijo del hombre no los quiso volver a ver.

Creí en Dios.

Creí en la voz del abate adornado en oro;

en su discurso moralejo regodeo de cucufatas.

Todos mudos exaltando el sacrificio del hijo

justificando sus faltas en el confesionario.

Aún infante, así,

creí en Dios.

miércoles, 11 de abril de 2012

Erase una vez Jhon

Jhon deseaba terminar la carrera de Leyes, para luego trabajar, ser exitoso, tener la mujer perfecta y rodearse de mas lujos de los que había nacido. Todo esto era su ideal de perfecta felicidad.

En el estudio le fue relativamente bien, el trabajo lo obtuvo gracias al rose social de la familia, el éxito lo tuvo del apellido, la mujer perfecta lo complementaba en el éxito y los lujos luego le parecieron insuficientes pues siempre había cosas nuevas por obtener y aparentar.

Jhon quiso la felicidad y nunca le fue suficiente.

"..." (El día de los convalecientes)

Al abrir los ojos se encontró con el blanco y gélido olor a hospital. Tenía la boca seca y amarga que le impedían pronunciar palabra alguna. Antón, instintivamente giro la cabeza a ambos lados solo para encontrarse con las camas vacías (aparentaba ser un fin de semana tranquilo). Las sábanas meadas le provocaban un escozor insoportable en la entrepierna. Los músculos torpes y amoratados no le dejaban adoptar una mejor posición y mucho menos rascarse el miembro; convirtiendo cada intento de movimiento en gestos dolorosos. De la nada le vino a la memoria las palizas que su viejo le propinaba cuando empezó a rondar la pubertad. El dolor del día siguiente de aquellas palizas se asemejaba a la de ahora con la única diferencia de que en esta paliza no hubo humillación verbal que suele ser más dolorosa que los golpes; sobre todo si son las de alguien que te ama. Sacudió la cabeza con lo que le quedaba de fuerza en un intento por guardar esos recuerdos; estaban de sobra para este día que aún carecía de entendimiento alguno.

«¡Donde demonios se encuentra la enfermera cuando se le necesita!», pensó fastidiado.«Agua necesito agua. Necesito saliva para gritar… ¡Ah! Nunca más vuelvo a tomar de esta manera… ¿Pero a quién miento? Siempre digo lo mismo después de una borrachera». Al instante pensó en su mamá que de seguro estaría preocupada. «Necesito hablar con mi vieja debe estar llamándome al celular». Hizo una pausa en su cabeza tratando de ordenar las ideas «Aunque, pensándolo mejor, esperaré a salir de esta cama. ¡Mierda, qué asco… huelo a meado! ¿y qué puto hospital es este? Se ve tan tétrico.»

Las paredes presentaban rajaduras por las esquinas superiores y a la mitad de estas las baldosas denotaban su falta de cuidado algo muy común en los hospitales públicos. Trato de incorporarse cuidando de no mover la vía de suero para alcanzar la campana que se encontraba en la mesa de noche; pero le fue imposible de coger. Con un poco de esfuerzo logró descubrir la sabana fijando al acto la mirada en los brazos y piernas. Lo que vio no le presento ninguna asombro pues ya imaginaba como debía de estar el resto de su cuerpo. Hasta ese entonces lo único intacto parecía ser la cabeza. En un intento por recordar miro el techo, como solía hacer antes de cada exposición en la universidad, tratando de hacer memoria sobre lo sucedido antes de llegar a su condición actual.

Pasaron diez minutos sin llegar a alguna conclusión. Los parpados se le cerraban cansados a causa del intenso blanco del techo provocando que Antón virara la cabeza hacia la puerta del cuarto que se encontraba al lado derecho de la cama contigua. Antes de quedarse profundamente dormido vio que entraba un grupo de enfermeras todas de celeste trasladando a un nuevo paciente. Estaban acompañadas por un par de médicos que las observaban y les daban indicaciones mientras Antón inmutable se entregaba al sueño. Aun no tenía idea de lo que verían sus ojos al despertar.

lunes, 9 de abril de 2012

Aún...

Y que soy yo sin un tú:

solo una mirada al espacio…

Una búsqueda del cuerpo desterrado.

La imagen en tus memorias,

del imborrable deseo que perdura

aún después del adiós.

Palpitaras todas las noches,

¡Ángel mío!

Aún no tire todo por la borda.

Recordaras mis letras en tus pupilas.

Mi saliva grabada en tus labios

será mi respuesta

hasta el día en que sientas mi perfume

en tu almohada.

sábado, 7 de abril de 2012

",,," (El sueño)

El sueño

Estaba de pie mirándola sobre la cama alborotada. Las sábanas se mezclaban con la grácil figura que remarcaba sus partes desnudas llamando al tacto a acariciarla; se contuvo de hacerlo. Encendió un cigarrillo y trazo su figura con el humo, mientras ella se contorneaba por el olor del tabaco, aún así siguió dormida… mientras él dominaba su libido para contemplarla. No había más razón que la de observarla y amarla en la quietud de su figura.

De pronto la mirada que yacía durmiente lo abrazo en un sutil saludo. La sonrisa dibujada se apago en un pequeño beso acariciado y su voz retumbo en un “te extraño” acompañado de su desnudez. La sujeto entre sus brazos mientras besaba su frente, pensando para sí mismo –no te desvanezcas tengo tantas cosas que decirte y mucho que contarte- pero las palabras nunca fueron pronunciadas; el silenció se impuso impertérrito contra la voz. Y el cuerpo se difumino en la silueta danzarina, diluyente y desesperante. La voz perdió la batalla y el despertar hizo su intromisión inesperada sin dejarle susurrar ni un “te sigo amando”.

miércoles, 4 de abril de 2012

",,," (El paso del ebrio)

A continuación paso a compartir un pequeño relato, que de pequeño no creo que tenga nada. Este relato tendrá varias etapas las cuales serán divididas por pequeños subtitulos que obviamente estarán incluidos dentro de lo que vendrá a ser la historia en total. El título final ira tomando forma, conforme vaya publicando la historia. Espero que sea del agrado de todos.

PD. mientras tanto el título tentativo es: "..."
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°

El andaba a rastras sobre el pavimento rajado, circundando entre sus aflicciones y el camino a casa que se perdía a cada paso. Sus torpes pies lo conducían a recostarse sobre el muro incitándolo a tomar un sorbo de la botella que aún conservaba algo de aparente consuelo. Su pulso temblaba a cada sorbo estrepitoso –ya no importaban las gentes ni sus reproches- el alcohol había borrado cada rastro de pudor. La sinceridad, provocada por el trago, le hacía sentirse cómodo consigo mismo; tan libre con su pena que podía hacer con ella lo que le diera la gana. Antón y su pena se recostaron sobre el muro, sumado ambos se rindieron ante la gravedad ya no importaba batallar contra ella.

Sin darse cuenta, sus ojos se apagaban, el ruido de la calle cambio por en el sonido de su pensamientos –no había más música que la que él pensaba- en cada melodía encontraba la perfecta excusa para sentirse mal hasta que la noche lo venció y estancó sus sueños en la última canción.

sábado, 17 de marzo de 2012

11.

Tranquilidad

Podemos palparla en cualquier día

¿Qué día?

Seguro pasó sin darnos cuenta

rondando en el vaivén agitado

en pasos marciales.

Tranquilidad

Será que te sentimos en las noches

mientras el cuerpo reposa

y las cabezas se pierden

donde José no interpreta nada.

Aún así no te siento

tranquilidad.

jueves, 8 de marzo de 2012

10.

El tiempo.

Trozo de retazos

Infinitos en sus formas

Y espacios.

Medida que acaba

Cuando el vivo se apaga.


Mujer.

Dadora de vida

Vientre del cual provengo

Y al cual vuelvo.

Musa que abate la realidad

con su tacto

vuelto consuelo.

miércoles, 7 de marzo de 2012

9.

Inventando historias nunca contadas

en el bar de los ajenos perversos

fumo del porro de mis memorias

Para dibujar sus cabellos al viento

¿Si pudiera acariciar sus relieves?

-divaga mi mente-

¡Daría mis manos al yinn hambriento

solo para tocar sus palabras!


El humo del tabaco se escandaliza al susurro;

sus formas contemplan mis deseos.

Juegan a formar sus ojos para mí.

Que ganas de verla tan fijamente

y sujetar el tacto de su piel en mi osadía

...Apagaría el bullicio ambulante

para dormir a su lado hasta la mañana.


El trago saliva mi garganta seca

Me devuelve su boca en mil besos.

Ata mi lengua a cada sorbo quejumbroso

haciéndome sentir la caricia tímida de su amor

resumiendo sus labios en un “te amo”

perdido al viento.


8.


No es un final
Es un “stand by”;
un silencio permitido
un te amo reprimido.
Es el espacio
donde todo circunda
menos uno.

No es el silencio
Es un hasta luego
Un consuelo fidedigno
Un olvido de soslayo.
Es la despedida
Donde todos saludan
menos uno.

martes, 6 de marzo de 2012

7.


Sujeta firmemente el arma,
ejecútame ahí,
arrodillado en el fango.
no dudes, no pienses ni sigas ordenes
solo dispara.
Que sea el sonido lo último que escuche,
tus palabras no importaran nada
no odiare este momento
no recordaré tu cara.

Las piedras hacen llagas,
todo está bien por ahora,
la oscuridad al final es lo que queda
no habrá más gritos, artimañas
Ni doctrinas ni vida.
Los mocosos farfullan temerosos
Tú no temes, tienes el arma
Tienes mi vida… sus vidas.

Mamá Paulina llora ahogada
balbuceando palabras
me mira y extiende su mano;
hasta sentir su tacto áspero y cálido.
Adiós Paulina
cierra los ojos
que en tu memoria quede yo
cuando niño jugaba y me amabas.

Los gritos se acentúan
y las amenazas vulneran las almas
escucho el sonido y su eco.
la carne cae pesadamente
lloro sangre… ya no siento nada;
no escucho mas a los mocosos
ni veo a Paulina asustada.
adiós mamá, adiós Lucanamarca.

domingo, 4 de marzo de 2012

6.


Eres el hogar que se extraña después de la jornada
El saludo esquivo de la discusión
Que se sella entre sábanas.

Eres las palabras que nunca dije
El razonamiento que complementa mis garganta
Y la voz que acaricia mi almohada

Eres el edén que rebosa en vida
creadora de todas las emociones
La doncella que despierta mi alma.

lunes, 27 de febrero de 2012

5.

Me quedo con la locura de los ingenuos;
De aquellos que no quiebran mundos ni derriten la escarcha
Rompiendo almas plagadas de dudas e ignorancia.

Me quedo con los ingenuos de sus vidas abrumadas en esperanza.
Esperanza alimentada por su dios enaltecido en oro
Acomedido en su cielo atragantado de alabanzas.

Me quedo con el canto de los párvulos sediciosos;
de esos que extraviaron sus pasos de los ojos sátiros distraídos,
pisando piedras escribiendo algo más que palabras.

domingo, 26 de febrero de 2012

4.

¿Vive más quien engaña a la tristeza
Que quien disfruta de ella y la adorna de palabras?
Muere mas quien descubre las mentiras en sus noches
Pues solo le queda esperar la mañana para ocultarse de las miradas.
Cada quien tiene escrito en la frente lo que se supone que es...
Cada quien se conoce en la soledad, sea de la forma equivocada o no
al final siempre se demuestra las verdades de uno al socavar con mentiras el ser
que yace dubitativo, enjuto de los pertrechos del que dirán.
Cava en sus miradas algo más que apariencias
Cava tu alma en sus risueñas miradas engañadas.

3.

Ya no escucho el reír de sus tardes ni el vaivén de su vientre, sus despertares ni sus noches.
Ni el silbido de la aves serán suficientes
Nada complementa el refugio desvalijado.
¿Las melodías que dibujaba en mi almohada se inflan
En una cálida despedida?

¿El adiós será un hasta siempre?
Regurgita mi mente, el saber no estar ahí se simplifica en una esperanza precaria
Como el grito de quien canta a la añoranza
Huella de recuerdos grabados en arena.

El acido me dibuja sus formas y la hierba me expone sus matices
La ingenuidad toca sus rastros inocuos donde alguna vez reposaban sus manos
Diluyéndose en anestésico brebaje para mis noches insomnes
Gracias por la cobija de tu tacto grabado en nuestras madrugadas.


Al alba dejaré la manta en tu alcoba y me refugiare en tus quimeras
Me entregaré a la locura de los que nadan a rastras.
Bajo las atónitas miradas de quienes “hacen lo correcto”.
Mientras que en mi insania susurrare un “buenos días” al viento.

2.

Esto es más que un todo dentro de una nada,
jugando a amar en esta caja de consuelos,
todos fugases todos intransigentes
pedazos suscritos a la perplejidad en sus orillas.

pueda que sean las eternas guerras
o sus suplicas miradas a la ejecución hirsuta;
tan arraigados en su moral
llorando sus huestes en sangre lasciva.

Veo caer la borla plateada al vacio
Tirando migajas a los sueños de pocos
Locuras para muchos monedas para otros
So pretexto de armonía, regalos para la miseria.

Átame a esta locura y arrójame a sus miradas
Enarbólame de sus bajezas y sáciame de sus penas.
¿Tan lamentable será mi despedida al final?
Anégame de tierra pútrida que es lo que queda.

Quizá al final no pueda verte mi amada
Las ideas cambian mientras los sueños se sublevan en callados piquetes
Tiemblan ante la voz de un todo cegados de hambre.
Esa es la vida me gritan las gentes.

Aparecen los idilios pertrechos y funcionales
Nuevas concepciones de amor, todo cambia.
Barréname de esas miradas impidas
Dale un sosiego a mi locura mi bien amada.