lunes, 22 de octubre de 2012

Florentino: bicefalia intransigente


      Lo siento, tal vez no deba decir nada de esto, no; no pienso decirlo pero te lo digo de todos modos del modo en que no lo oigas te hablaré con la voz más sutil e inexistente que pueda solo escuchar mi cabeza. Mientras te hablo, en mis adentros, lo único que atino es a observar y fingir que te escucho, observo tus labios hilvanar cada oración con palabras vacías que van adquiriendo sentido a cada gesticulación tuya. No  te sientas mal, hago eso cada vez que quiero fingir interés y con esto no quiero decir que no me intereses, es más hasta yo me sorprendo de poder sentir esto por ti. Uno que creía tener el corazón muerto y resulta que aun puede latir; a veces me gustaría parar esta máquina. Verte cada día confirma lo que supe la primera vez que te vi; que me gustas. Cada día compruebo que no puedo evitar reclamar tu mirada con la mía, será que no te das cuenta y es obvio, no puedo hacer nada más que eso; esbozar algunas palabras en un vano intento de arrancarte una sonrisa como vana recompensa, puedo contentarme solo con eso.

      A veces me gustaría ser de otro modo, ser ese sujeto que normalmente soy cuando mi atención no es captada por ninguna otra. Veo a todas del mismo modo, tan similares, como si se trataran de personajes de relleno que transitan las calles. A quienes uno nunca toma importancia, esos que existen en cada historia solo para  crear una atmósfera de realidad, le dan sentido pero al mismo tiempo lo carecen. Me gustaría hablarte del mismo modo y enmudezco, ahora resulto que soy como esos personajes de relleno de la película donde el único protagonista eres tú; eso está bien y, a la vez, no está bien.

      Si tan solo esa máquina dejara de latir, podría decirle a mi cerebro que deje de urdir imágenes, dejar de arrastrarme en ilusiones que lo único que hacen es crear esperanzas innecesarias. Aprendí, o quizás recién caigo en la cuenta que las ilusiones son buenas, que por ratos funcionan como un combustible inflamable que acelera todo, te hace ser el ser más supremo que a la mínima chispa explota mutilándolo todo.

      Se hace tarde, no sé cuánto tiempo pasó desde que nos sentamos el uno frente al otro. Lo siento, no puedo actuar contigo de mismo modo que hago con el resto; eso me hace dudar de quien soy;  ¿seré dos personas diferentes fluctuando el espacio? A espalda tuya soy uno y el otro sale ni bien me das la cara. El uno, el que actúa a hurtadillas, trata de arrancarse la piel del timorato pero al rato reflexiona y calla; sabe que el timorato tiene su razón de ser. Con el tiempo llegó a entender que el timorato es la expresión que avisa al ser bicéfalo, que Eilene es alguien especial. El timorato espera una respuesta única, una pequeña reacción que permita al bicéfalo ser uno mismo nuevamente.

... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario