Rumbo a la estación Plaza Italia y prácticamente doblados
como contorsionistas el solo intento de querer seguir la conversación quedó
solo en intenciones. No podíamos ni vernos con tanta gente alrededor. La bulla de los que iban cómodos, a costa de otros, creaba un barrera auditiva
entre los dos. Aprovechando ese instante
de paz incomoda, y de modo inconsciente, mi cabeza me hacía la mala pasada de
analizar la situación. Evidentemente se trataba de una situación poco habitual.
De un lado teníamos a una chica totalmente extraña, de facciones agraciadas,
por el momento con una afición compartida por la lectura y además distraída; y
por otro lado: un sujeto extraño a sus ojos, apático como primera impresión, de
facciones descuidadas, sin trabajo, enjuto por la gripe, asiduo lector,
distraído y en pleno proceso de cerrar una historia.
Después de todo lo que pasamos minutos antes de tomar el
subte correcto. El mal humor se ocultó gracias a una extraña. Sabía que después
de este día tendría que volver a la monotonía de lidiar con mis demonios pasajeros.
El sentimiento abrumador de conservar ese instante azuzó, por un momento, a mi
razón a salir corriendo, pero me ataba la curiosidad de saber el desenlace de
todo esto. La ambigüedad me es inherente como a todo ser humano.
Tardamos solo quince minutos en llegar a la estación. Ella bajó
primero guiada por los empujones de la gente. La perdí de vista por unos
segundos. Al bajar la divisé apoyada
sobre el muro debajo de un rótulo publicitario. Mientras limpiaba sus gafas
mantenía los ojos entrecerrados intentando adaptar la vista para buscarme. Me
le acerqué tranquilamente y me paré a unos dos pasos.
-Por un momento me dio la impresión que no bajarías del
vagón- decía ella mientras se acomodaba las gafas.
-Lo pensé hace un rato. Pero mi curiosidad puede más y un
poco de compañía no hace mal; sobre todo hoy.
.
-Imagino que no todos los días eres de esta forma ¿no?
-Así es. No siempre soy como me ves ahora. Si me viste así
de apático se debe a factores que no puedo controlar. Cosas que quisiera que pasen
pronto y me dejen tranquilo pero, por ahora, es imposible. Solo me queda convivir
con ellos hasta que encuentre una respuesta, supongo- nos encontrábamos a la
salida del Subte. La Avenida Santa Fe se encontraba abarrotada de coches y el
cruce peatonal invadido de gentes. Nos sumamos al rebaño apurando el paso
mientras ella caminaba absorta.
Llegamos a la entrada del centro de exposiciones La
Rural, como no era de esperar, no estaba tan abarrotada por ser el
primer día.
-Me llamo Patricia- me dijo volteando de improviso ante la
entrada-. Por ahora no me apetece saber cómo te llamas, prefiero adivinar. Así
es que por el momento te llamaré Florentino.
-¿Florentino?- me abstraje un momento pensando en Florentino Ariza-. Me
agrada es nombre- le dije esbozando una leve sonrisa.
-Me alegro que te guste porque tienes cara de llamarte Florentino.
De la manera en que hablas aparentas ser alguien reflexivo, como dicen que son
los Florentinos, y eso te hace que tengas el mal habito de cuestionar todo lo
que pasa a tu alrededor ¿O me equivoco? –tras decir esto la malicia manifestada
en sonrisa se hizo presente en las líneas de sus ojos.
-Lo que acabas de decirme es, a primera impresión, una
descripción algo certera; a demás conozco algunos “Florentinos” y son unos
idiotas. La idea de cuestionar algunas cosas no me hace capaz de cuestionarlo
todo. Con el tiempo uno aprende que las cosas funcionan de este modo. Entonces
lo que hago es callarme y guardar las apariencias.
-¡Eres un hipócrita!
-Claro ¿Acaso tú no lo eres?- le repliqué instantáneamente-. Con
el tiempo también aprendí que la hipocresía es una práctica socialmente
aceptada. El que diga que no es así simplemente te está mintiendo. Si la gente
se diera el lujo de decir las cosas como realmente les parece habría muchos
cuerpos regados en las calles.
-Lo vuelvo a decir: si que eres un hijo de puta. Ahora si te
parece mejor entremos de una vez antes que me entren las ganas por matarte- inmediatamente
me asía de la solapa de la casaca hasta el interior de La Rural.
(Continuará)