domingo, 10 de junio de 2012

DE LOS PASOS DISTRAÍDOS Y SUS CASUALIDADES (parte II)


      Rumbo a la estación Plaza Italia y prácticamente doblados como contorsionistas el solo intento de querer seguir la conversación quedó solo en intenciones. No podíamos ni vernos con tanta gente alrededor. La bulla de los que iban cómodos, a costa de otros, creaba un barrera auditiva entre los dos.  Aprovechando ese instante de paz incomoda, y de modo inconsciente, mi cabeza me hacía la mala pasada de analizar la situación. Evidentemente se trataba de una situación poco habitual. De un lado teníamos a una chica totalmente extraña, de facciones agraciadas, por el momento con una afición compartida por la lectura y además distraída; y por otro lado: un sujeto extraño a sus ojos, apático como primera impresión, de facciones descuidadas, sin trabajo, enjuto por la gripe, asiduo lector, distraído y en pleno proceso de cerrar una historia.

      Después de todo lo que pasamos minutos antes de tomar el subte correcto. El mal humor se ocultó gracias a una extraña. Sabía que después de este día tendría que volver a la monotonía de lidiar con mis demonios pasajeros. El sentimiento abrumador de conservar ese instante azuzó, por un momento, a mi razón a salir corriendo, pero me ataba la curiosidad de saber el desenlace de todo esto. La ambigüedad me es inherente como a todo ser humano.

      Tardamos solo quince minutos en llegar a la estación. Ella bajó primero guiada por los empujones de la gente. La perdí de vista por unos segundos. Al bajar la divisé  apoyada sobre el muro debajo de un rótulo publicitario. Mientras limpiaba sus gafas mantenía los ojos entrecerrados intentando adaptar la vista para buscarme. Me le acerqué tranquilamente y me paré a unos dos pasos.

      -Por un momento me dio la impresión que no bajarías del vagón- decía ella mientras se acomodaba las gafas.

      -Lo pensé hace un rato. Pero mi curiosidad puede más y un poco de compañía no hace mal; sobre todo hoy.
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      -Imagino que no todos los días eres de esta forma ¿no?

      -Así es. No siempre soy como me ves ahora. Si me viste así de apático se debe a factores que no puedo controlar. Cosas que quisiera que pasen pronto y me dejen tranquilo pero, por ahora, es imposible. Solo me queda convivir con ellos hasta que encuentre una respuesta, supongo- nos encontrábamos a la salida del Subte. La Avenida Santa Fe se encontraba abarrotada de coches y el cruce peatonal invadido de gentes. Nos sumamos al rebaño apurando el paso mientras ella caminaba absorta.

      Llegamos a la entrada del centro de exposiciones La Rural, como no era de esperar, no estaba tan abarrotada por ser el primer día.

      -Me llamo Patricia- me dijo volteando de improviso ante la entrada-. Por ahora no me apetece saber cómo te llamas, prefiero adivinar. Así es que por el momento te llamaré Florentino.

      -¿Florentino?- me abstraje un  momento pensando en Florentino Ariza-. Me agrada es nombre- le dije esbozando una leve sonrisa.

      -Me alegro que te guste porque tienes cara de llamarte Florentino. De la manera en que hablas aparentas ser alguien reflexivo, como dicen que son los Florentinos, y eso te hace que tengas el mal habito de cuestionar todo lo que pasa a tu alrededor ¿O me equivoco? –tras decir esto la malicia manifestada en sonrisa se hizo presente en las líneas de sus ojos.

      -Lo que acabas de decirme es, a primera impresión, una descripción algo certera; a demás conozco algunos “Florentinos” y son unos idiotas. La idea de cuestionar algunas cosas no me hace capaz de cuestionarlo todo. Con el tiempo uno aprende que las cosas funcionan de este modo. Entonces lo que hago es callarme y guardar las apariencias.

      -¡Eres un hipócrita!

    -Claro ¿Acaso tú no lo eres?- le repliqué instantáneamente-. Con el tiempo también aprendí que la hipocresía es una práctica socialmente aceptada. El que diga que no es así simplemente te está mintiendo. Si la gente se diera el lujo de decir las cosas como realmente les parece habría muchos cuerpos regados en las calles.

      -Lo vuelvo a decir: si que eres un hijo de puta. Ahora si te parece mejor entremos de una vez antes que me entren las ganas por matarte- inmediatamente me asía de la solapa de la casaca hasta el interior de La Rural.

(Continuará)

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