jueves, 31 de mayo de 2012

14.


Soy eso que ellos no buscan.
Las preguntas con respuestas inentendibles
a ojos de extraños.
Soy el ¿por qué? para un todo.
La sin razón de la razón del cardumen
la hormiga que no sigue el rastro al hormiguero.

Nada con la corriente me decían algunos.
Cuando arrastrarse por la corriente te vuelve ciego.
A pesar de no haberlo hecho;
no sé si veo del todo claro.
El amor me jodió parcialmente la vista.

sábado, 19 de mayo de 2012

DE LOS PASOS DISTRAÍDOS Y SUS CASUALIDADES (parte I)


      Eran las diecinueve horas cuando me dispuse a dar por terminada  una jornada más en mi proceso de búsqueda de empleo. Con los pies cansados de tanto caminar, la mochila al hombro, la víspera de una gripe y un libro a medio terminar me dispuse a tomar el Subte rumbo a “la Rural” donde se festejaba la “treinta y ochoava Feria del Libro de Buenos Aires”. Me encontraba caminando por la “Diagonal Norte” con la intención de no fallar en tomar el Subte del lado correcto; pero como siempre mi distracción pudo más y falle en el primer intento «esto suele pasar siempre que ando con la cabeza en otro lado. Convengamos que siempre es así». Para salir de mi duda, ya dentro de la estación y después de haber pagado dos pesos y cinco centavos (una violación a mi paupérrima economía), me acerqué a una chica que portaba unos lentes algo inusuales modelo “nikita”. Vestía una pollera negra estampada de flores fucsia, un polo de tiras que marcaban su grácil figura, un par de botines de cuero que le calzaban perfectamente y un morral de lo más curioso todo hecho de harapos.

      -Hola. Disculpa te puedo hacer una pregunta.-

      -Si. Decime- Respondió sin despegar la mirada del libro.

      -¿sabes si este subte va para “Congreso Tucumán”?- Le pregunté algo nervioso
.
      -Si. Pero ahora que lo dices…- levantó la mirada hacia uno de los letreros de la estación y soltando una leve sonrisa me dijo.- creo que vos y yo nos hemos equivocado de lado. Tenemos que salir y cruzar hacia  otro lado de la estación.

      -Bueno gracias- me di media vuelta hacia la salida del subte hasta que ella me detuvo del brazo de manera súbita «¿Esta chica está loca?» pensé  «será que debo llevar un cartel que diga “quiero estar solo”».

      -Hey, espera vamos juntos- dijo posando sus ojos en el libro que llevaba en mano.- ¿vas a la feria del libro, no?

      Me detuve y le respondí de la mejor manera posible.- ¿se nota?- Ella me miro extrañada colocándose a mi lado, quizás algo contrariada de seguirle el paso a un desconocido cuya primera impresión era la de antipatía.

      Aún no entiendo él porque de esta escena particular. Éramos dos seres totalmente desconocidos que se encontraron por causa de sus pasos distraídos. Íbamos caminando mientras el silencio llenaba los pocos espacios dentro de la extraña maraña llamada casualidad. La calle transpiraba su último día de calor Bonaerense mientras los últimos atisbos de luz natural se perdían al oeste acariciando el frío concreto de los edificios. Los pasos de las gentes se rompían como olas ante los pasos de dos perfectos desconocidos que solo atinaban a caminar en silencio.

      Guardé el libro en la mochila y de paso saqué la cajetilla de cigarrillo. Paré un rato para ver la reacción de mi inesperada acompañante; pensé que no se detendría y para sorpresa mía se detuvo. Me acerqué de un paso y le alcancé la cajetilla de “Philip Morris” y al instante que asomaba el cigarro a la boca se inclinó brevemente hacia el fuego que había preparado con antelación. Ambos, cigarrillos en mano, nos detuvimos a la entrada de la estación sin pronunciar palabra alguna intercambiamos miradas tímidas sin saber qué decir; hasta que sin darme cuenta y por iniciativa empecé a romper la barrera que había establecido minutos atrás.

      -Perdón por lo de hace un rato -le dije apenado-. Los días malos siempre hacen con uno lo que se les venga en gana ¿no crees?

      -¡Pero miren!  y yo que pensé que eras un total hijo de puta -soltó una leve sonrisa y al mismo tiempo calaba del cigarrillo. Luego de tres segundos me soltó una bocanada directa al rostro-. Y si, todo el mundo tiene malos días y justo hoy me vengo a topar precisamente con uno -en ese instante ya empezaba a agradarme.

      -Que forma tan peculiar de decir las cosas- le dije con tono socarrón- ¿sueles conocer a la gente de esta manera? o es que careces de sentido común -le espeté-. ¿Cómo puedes andar tranquila a mi lado si desde un comienzo sentiste mi apatía. A primera vista aparento ser un perturbado ¿No ves las fachas en las que ando? Y sin mencionar esta gripe del mal.

      -Que te parece si vamos por donde hay mucha gente y así me das oportunidad a gritar; si es que tratas de hacerme algo -terminó de darle la última calada al cigarrillo y señalando con la mirada la puerta del subte; nos dirigimos hasta la feria.

      Hasta ese rato ni se me había pasado por la cabeza preguntarle su nombre. No imaginaba que conocer a alguien de forma tan abrupta sería tan agradable; pero una cosa si era evidente: ese día me di cuenta que no quería estar solo.

(Continuará)

viernes, 11 de mayo de 2012

Mi problema con las flores


Quizás, hace mucho tiempo atrás puede haber regalado flores, y muchas, pero mi cabeza tenía una contraposición con el hecho de hacerlo. El significado, que adquiría el hecho de comprarlas, hacía que adquieran un significado vago. Nunca cuidé esas flores, nunca las corté; solo pagué un valor monetario que me ahorraba todo ese trabajo.

Mi lio con ellas, es y será, que no significarán lo que yo deseo expresar.  Mi idea de amar es hacer todo lo que me nazca de corazón, la única herramienta que tengo a mi disposición, la herramienta más sincera que puedo tener.

Perfecto antagonista


La tristeza, perfecta antagonista de la alegría, se vanagloria que la alegría no es nada sin ella.

El cartonero cicatero.


El hombre que siguió extrañándola en el inevitable vaivén de los días; suele preguntarse- ¿Qué estará haciendo?-. Muy a sabiendas que esa relación no tenía ni pies ni cabeza deseaba estar a su lado, y la razón, punzante; le expedía “ya no más”. Esa interminable batalla, que en algún momento deberá tener un final, terminaba por agotar sus fuerzas en sus madrugadas acabando en el inevitable sueño.

La seguirá extrañando hasta que el olvido haga su trabajo. Mientras tanto se permite añorarla en los fotogramas de la memoria como un cicatero cartonero.

Algún día terminará por olvidar.