El hombre que siguió extrañándola en el inevitable vaivén de
los días; suele preguntarse- ¿Qué estará haciendo?-. Muy a sabiendas que esa
relación no tenía ni pies ni cabeza deseaba estar a su lado, y la razón, punzante; le expedía “ya no más”. Esa interminable batalla, que en algún momento deberá
tener un final, terminaba por agotar sus fuerzas en sus madrugadas acabando en
el inevitable sueño.
La seguirá extrañando hasta que el olvido haga su trabajo. Mientras
tanto se permite añorarla en los fotogramas de la memoria como un cicatero cartonero.
Algún día terminará por olvidar.
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