Creo en Dios,
no...
Creí en Dios.
Ante el seno de la familia que todo lo enseña.
Eran las mañanas de la temprana inocencia
atravesando el portal de mercachifles;
donde alguna vez el hijo del hombre no los quiso volver a ver.
Creí en Dios.
Creí en la voz del abate adornado en oro;
en su discurso moralejo regodeo de cucufatas.
Todos mudos exaltando el sacrificio del hijo
justificando sus faltas en el confesionario.
Aún infante, así,
creí en Dios.
Yo también, creí.
ResponderEliminarDejar de creer fue, en cierto sentido, un paso hacia una bella liberación.
Hay veces en las que digo "hay Dios mio" como una expresión de "lástima" por alguna estupidez mía o de algún amigo. Y al rato siempre digo..."pero si no creo en Dios". Entonces me siento ridículo por lo inconsecuente de mi expresión.
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