La necedad de las memorias atosigan los días que se auguran tranquilos. La afirmación de que todo ha concluido es más efímera cada vez que su rostro atraviesa la trinchera precaria que instalé para hacer más liviano este peso.
Me siento tranquilo al aceptar, que ella baila en otros bares. No la veré más pasar por esa pasarela rodeada de luces que llaman al sexo. Es extraño no irme a declive mientras otros disfrutan verla sonreír y acariciar esos cabellos tendidos al viento. Mientras en el fondo controlo a ese demonio que trata de salir corriendo hacía esas tierras lejanas donde ella pretendía esperarme; sellada en una promesa que solo quedó en palabras.
A veces le tengo envidia por entregar su amor así, sin más, a cualquiera. La conozco mejor que ellos, pues me tome el tiempo de hacerlo, y me peso por ello. Sé que será feliz con cualquier persona que le ofrezca un hombro en el cual llorar. Mientras ella pueda sonreír y bailar todo andará bien.
Si. Aún no la olvido; pero también por ratos ni me acuerdo de su rostro y así será hasta que solo quede como una mera anécdota más que quizás no será contada.
Me quede paralisada con esta parte
ResponderEliminar"A veces le tengo envidia por entregar su amor así, sin más, a cualquiera."
Y quien nunca sentio este tipo de envidia, no? as veces la vida puede ser injusta al principio y despues todo hace sentido, que texto barbaro me encanto. besos!
Hola Fer, felices fiestas!. Aún sigo esperando ...
ResponderEliminarah?
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